La metamorfosis de uno.

26 mayo 2010

Tras cierto tiempo sin hacerlo, anoche miré la tele de nuevo. No sabía que estaban echando pero, aun así, me quedé un buen rato delante de la imagen. Al levantarme para ir al baño, sentí algo raro. Mientras me lavaba las manos, frente al espejo, reflexioné sobre lo que creí haber visto. ¿Era posible que el protagonista me hubiera seguido con la mirada mientras atravesaba el living?

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Al volver, no sin cierto disimulo, presté especial atención a cuanto ocurría en la pantalla. De nuevo, el protagonista fingía no vigilar todos mis movimientos. Sorprendido, al pasar más cerca del televisor, noté como su estado de agitación aumentaba. No sabría decir porqué, pero era patente: yo, de este lado, era percibido como una amenaza por la imagen proyectada en la pantalla. A pesar de la evidente perturbación que producía en mi tal situación, decidí retirarme al sofá de nuevo. Debía averiguar qué estaba ocurriendo.

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UNA REALIDAD QUE SÓLO ES APARIENCIA

– Bebí. Sin lugar a dudas él no podía ser más que una serie de imágenes en movimiento, sólo aspecto; representación enmarcada en una realidad que se limitaba también a ser spectaculum. Su condición debía conferirme únicamente a mí el papel de observador. Sin embargo, mi condición de observado era también evidente. ¿A qué lado de la pantalla habitaba la consciencia?

– No era necesario cambiar de posición o mover alguna pierna o brazo. Aunque se esforzara en ocultarlo, fruncir el ceño repentinamente era suficiente para ver alguna reacción por su parte. Podía comprender su inquietud. Si había entendido bien, la psicología vertebraba parte de su vida. Como mero espectáculo, reflejo, debía sentir en sus carnes, de alguna forma, la carencia de un sistema formal que consiguiera ligar su todo. ¿No le servía el psicoanálisis, como literatura, para mirarse y al mismo tiempo encontrar en la imagen, inventar, escribir, el significado, sentido, de ese todo? No. Intuyo que poco puede hacer el psicoanálisis cuando sólo eres representación; cuando ni tu vida te pertenece. ¿Le preocuparía también a él, que sólo era aspecto, poder sufrir una muerte ridícula puesto que ni tan siquiera su muerte era ya verdaderamente suya?

– La consciencia y la inconsciencia.Tragaba saliva y me preguntaba si él seria consciente de que no podría ser nunca un yo; de que siempre sería un uno. ¿Habría descubierto ya el pobre desgraciado que más que vivir era vivido?

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La metamorfosis de Narciso.

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Noté que empezaba a sentirme incómodo. Nuestras miradas se habían cruzado descaradamente en un par de ocasiones. Tuve incluso la sensación de que mis reflexiones eran contestadas por el pensamiento del otro, entrecruzándose. Aunque me sudaba la frente, no tenía fiebre; estaba nervioso. ¿Qué diablos estaba pasando? La situación me superaba. Fingí normalidad.

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UN SUJETO QUE DEJA DE SERLO

– Aunque lo escondiera, él también estaba nervioso. ¿A quién se le notaría más? Enmarcado dentro del espectáculo y representación al mismo tiempo, él siempre estaba obligado a parecer para poder ser y no podía ser de otra manera. Menudo papel el suyo: el hombre proyectado, la imagen, que deja de ser sujeto para convertirse en un predicado; uno. Con la tragedia de que el predicado, el objeto, ya no es dueño de la acción, del verbo. ¿Radicaban nuestras diferencias en que él, objeto, es lo constituido mientras yo constituyo la experiencia?

– Conseguí tranquilizarme un poco. Mis ojos se permitían incluso mirar al protagonista con algún destello de envidia. Aunque el haber nacido espectáculo-aspecto le negaba, desde el principio, toda capacidad de elección, su existir no era complicado. Lo liviano de vivir fuera de toda responsabilidad era evidente; parecer habiendo ya, como sujeto, perecido. Sin tener sueño, me empezó a rondar por la cabeza la idea de echarme a dormir.

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La metamorfosis de Narciso.

"La metamorfosis de Narciso", de Salvador Dalí.

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Cansados, ahí seguíamos los dos, un frente al otro, con la pantalla de por medio, mientra la calma se iba apoderando del salón. Al fin y al cabo, desde este lado, con un mundo que no es directamente accesible, ¿es acaso posible proveerse de significación y sentido sin constituirse a partir de juegos de espejos? ¿¿Quién ha encontrado alguna vez un yo que no sea representación??

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LA NINFA ECO

–  Mirándonos recíprocamente, sin ni tan siquiera ya tomarnos la molestia de disimular, con la ninfa Eco como musa, ¿de qué había que esconderse cuando sólo la repetición aporta sentido?

– ¿La ninfa Eco? La que por no entender la naturaleza de Narciso, el que se ahogó en su reflejo, se encerró en la cueva. La que aislada, sola con su voz, también, juego de espejos, acabó ahogada en sí misma.

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Anoche, tras cierto tiempo sin hacerlo, me quedé un buen rato delante de la pantalla de un televisor que no estaba encendido. Lo que no debe ser muy diferente a leer un cuento.

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5 comentarios to “La metamorfosis de uno.”

  1. Dani Says:

    “La lectura del texto ‘Bionformática, inteligencia artificial y simulación’ no deja motivo para la duda. Las conclusiones son lapidarias. Él nos describió como imágenes, como fantasmas. Somos su creación, él la nuestra. […] Lloraréis al pensar que vuestros propios hijos son sombras vacías esculpidas por sombras vacías de manos ajenas. Pero así es. Nadie podrá existir sabiéndose el reflejo de un reflejo. ‘Anhelo la voluntad del nihilista’, me dijo Takeshi”.

    De “El informe Kanzuke”

    Pd: Comparto cada punto, cada letra, excepto el pesimismo frente a esta nueva cosmovisión. Aplaudo ser el reflejo de un reflejo.

    Ppd: La televisión se debe ver más amenudo!

  2. poliket Says:

    Bua! Es que, poca broma, “El informe Kanzuke” es impresionante!! … e impresionantemente rico.

    – por puro determinismo, mero acto reflejo, no he podido evitar releerlo de nuevo hoy mismo y, lejos de mis cinco mil quinientos trece días, y a pesar de la sencillez narrativa de todo el relato, todavía se me ha ocurrido una posibilidad más (¡y evidente!) que no había contemplado en su momento –

    Sobre el texto del post, más allá de la resignación del autor (con el que comparto la visión negativa de “el hecho”), yo personalmente no soy pesimista, pues creo haber encontrado un culpable (o quizás una cabeza de turco) y veo solución y salida. Como siempre, cuestión de fe. A ver.

    PS: por otro lado, y dirigiéndome a todo el mundo que se pudiera pasar todavía por estas líneas, tengo ganas de regalar La Sociedad del Espectáculo. Si hay alguien interesado en que se lo envíe, que deje un mensaje en este hilo de comentarios, o me mande un mail a

    e_s_t_a_n_o_l_a_m_i_r_o [arroba] h_o_t_m_a_i_l [punto] c_o_m

    (de momento, la dirección electrónica del Annelida’s Blog)

  3. Dani Says:

    Hostia, esa sociedad del espectaculo, sino la tienes ya regalada, pues aquí va un candidato!!

  4. poliket Says:

    ¡Hecho! 🙂

    Mándame la dirección postal al correo electrónico que puse en el comentario anterior.


  5. […] largo, de ese supuesto momento verdadero que a lo mejor, en algún momento, quién sabe, vivimos. Teatro. Representación, tan […]


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